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Pepe Luis Vargas. Toda una vida dedicada al mundo del toro

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El maestro Pepe Luis Vargas en la antigua sede de la Escuela Taurina de Écija

El maestro Pepe Luis Vargas en la antigua sede de la Escuela Taurina de Écija.

Sencillo y humilde. El torero ecijano se siente un privilegiado por su vida dedicada al toreo, feliz por sus triunfos y por la nueva etapa que vive hoy en día. El diestro astigitano abre las puertas de su corazón para llenarse de recuerdos y pasiones.

 En su despacho, arropado de recuerdos, me espera Pepe Luis Vargas. Entre recortes de periódicos,puede presumir de una vida entera dedicada a su pasión, el toreo. Su mayor cornada, y ha tenido muchas y muy graves, la ignorancia de empresarios que no lo valoraron como él se merecía. Lo mejor, el cariño y el respeto que se ha ganado entre los verdaderos aficionados. El sobrenombre de Maestro lo ha ganado con los años, con su lucha y por ser hoy en día, quién ofrece sus enseñanzas a los futuros toreros en la escuela de Écija. Torero de sentimiento, que vino de la cuna del toreo, Écija, la antigua Astigi, donde aún suena su nombre con orgullo, al igual que los nombres de Jaime Ostos, Bartolomé Jiménez Torres o El Arriero.

Él mismo se define como una persona sencilla y profunda, y todo aquél que lo conoce lo puede confirmar. Ha aprendido a vivir con poco y no le falta de nada. Vive su día a día feliz, entre muletas y capotes,entre espadas y trajes de torear, visita día a día la plaza que le vio nacer, y sabe que ésa es su casa.

Un concepto del toreo distinto al de los otros toreros, artístico: “Siempre he sabido captar, sentir y ver las cosas artísticas”.Y así lo quería plasmar él, sin embargo,por las circunstancias que le han tocado vivir: “Se me ha puesto el sello de valiente, cuando yo creo que más que valiente he sido responsable, porque he sido un enamorado de mi profesión, mi sueño y mi todo era ser figura del toreo y si venían esas corridas en las que yo no podía interpretar mi toreo conforme yo lo sentía, pues hacía de tripas corazón y hacía el esfuerzo y me arrimaba, porque yo quería torear, aún así, cuando surgía un toro con calidad y bueno, de mí salía sentimiento y arte. Han habido faenas memorables, faenas muy importantes en las que yo he podido desarrollar mi concepto del toreo”.

Es inevitable ver en la cara del diestro la emoción cuando recuerda sus tardes maravillosas de toros, tantas tardes que ha salido por las Puertas Grandes y tantas tardes en las que los aficionados coreaban su nombre. Su despacho está lleno de recortes de prensa en la que los críticos taurinos reclamaban otro tipo de toros para Pepe Luis Vargas.

Recuerda con añoranza sus primeros pasos en el mundo del toro: “Yo vivía cerca de la plaza de toros de Écija, y desde los cuatro años me crié en ese ambiente.En ese momento y con esa edad decidí que quería expresar mis sentimientos toreando y luché con creces por ello”. A pesar de la negativa de sus padres de iniciarse en ese mundo, él luchó por lo que quería hacer: “Cuando tenía nueve años salté de espontáneo en un espectáculo cómico de Bombero Torero en la plaza de Écija, en la parte más seria, cuando un novillero lidiaba un novillo. Fue un escándalo. A pesar de las volteretas que me asestaba el becerro, volvía a levantarme con muchas ganas, para enseñar a mi padre y a mi pueblo que lo mío era torear. Me detuvieron dos agentes de la Policía local y casualmente uno de ellos era mi padre, con la gran suerte de que el jefe de la policía convenció a mi padre para que me dejara entrenar”.

Ese fue el primer pulso que ganó Pepe Luis a su padre, el primer pulso que le permitió iniciarse en el difícil, pero a la vez bonito, mundo del toro.

Se ríe cuando recuerda los numerosos viajes que realizaba en autobús para ver al torero de Écija en ese momento, El Arriero: “Tenían un banquillo preparado para mí con mi nombre, el banquillo de Pepillo”. 

Lo de recibir volteretas le vino muy pronto y, si con nueve años saltó de espontáneo a la plaza, con trece su padre lo dejó torear por primera vez: “Mi padre le dijo a José Cañas, empresario de la plaza de Écija, que me echara el novillo más grande que había para que me diera miedo y dejara de pensar en eso de torear”. Y efectivamente, le tocó el novillo más grande y recibió varias volteretas: “Pero a sorpresa de todos, ese día estuve sensacional, le formé un lío al novillo y me sacaron a hombros. A su padre no le quedó otra que dar el permiso al torero para que siguiera con su sueño. Habló con José Cañas para que se convirtiera en su apoderado y lo llevara por el buen camino en sus inicios. Unos inicios que le ayudaron en convertirse en una figura del toreo.

Su primera novillada vestido de luces fue con catorce años en la plaza de toros de San Fernando (Cádiz). Cuenta entre carcajadas el asombro del empresario de la plaza cuando lo vio vestido de luces, con un traje azul oscuro que le quedaba grande, pero que el sastre no pudo arreglar, porque si no lo rompía, “¡Hombre, pero si has venido vestido de bombero!” La primera novillada que marcó el inicio de su trayectoria profesional, un día inolvidable para el diestro.

Imagen del maestro Pepe Luis Vargas en el día de su debut en la plaza de toros de San Fernando (Cádiz) el 11 de abril de 1975.

2. Imagen del maestro Pepe Luis Vargas en el día de su debut en la plaza de toros de San Fernando (Cádiz) el 11 de abril de 1975.

En ese año, toreó unas cincuenta novilladas sin picadores, algo difícil, pero ganadas día a día en las plazas. Hasta que en el año 1975 debutó con picadores en la plaza de toros de la localidad sevillana de Osuna. A partir de ese día, toreó muchísimas novilladas y se hizo un hueco en el escalafón,presentándose como novillero con caballos en la Maestranza de Sevilla en el año 1977: “Mi presentación en Sevilla fue apoteósica. Recuerdan en la capital hispalense que entre los tres o cuatro debut de novillero está el mío, y eso para mí es un honor y un orgullo, ese día le brindé el novillo a mi tocayo, el maestro Pepe Luis Vázquez, y salí a hombros por la Puerta del Príncipe. Un día muy especial”.En ese momento toda la prensa se hizo eco del nuevo fenómeno que había surgido en un chaval de veinte años, todos los periódicos hablaban del novillero ecijano con titulares como “Ha resurgido la escuela sevillana”,“Tenemos otro Pepe Luis”.

Ese día, cuenta Pepe Luis que marcó un antes y un después en su vida: “El triunfo me lo dio el novillo Pies de galgo, aún recuerdo su nombre y su forma, incluso soñaba que si algún día tuviera una finca, le pondría ese nombre”. Ese triunfo le abrió las puertas de todas las plazas importantes de España, como Madrid o Bilbao, consiguió ponerse en la cabeza de la novillería toreando 48 novilladas, triunfando en todas las plazas del país, llegó a torear siete tardes en Sevilla, acaparando todos los trofeos taurinos: “Esta es mi etapa triunfal como novillero, en la que pude demostrar mi manera de torear precisamente, en la que todos me identificaban como un torero de la escuela sevillana, con arte, con gusto, con garbo, con alegría, arrollando a todos, ahí fui el novo mas -recuerda sonriendo-, fue una etapa brillantísima y la recuerdo de una forma inmemorable”. La revolución taurina había llegado de la mano de Pepe Luis Vargas.

Así, en la Feria de Abril de Sevilla del año 1975, tomó la alternativa con unos padrinos de excepción, Curro Romero y Manili y fue en la plaza que se lo dio todo:“Sevilla siempre ha sido mi plaza, no sé si por mi forma de torear, o porque casi siempre he resurgido allí. Lo que sí es cierto es que Sevilla ha tenido siempre un gran cariño hacia mí, he tenido una afición muy buena, que siempre ha estado conmigo, me han respetado mucho y hoy por hoy lo siguen haciendo”. Pepe Luis se muestra muy orgulloso cuando habla de la capital hispalense y del cariño que recibe de su gente: “Yo voy por sus calles y la gente me reconoce y se para conmigo. Incluso se me ha dado un homenaje en Sevilla, en la Real Maestranza de Caballerías, a toda mi carrera como torero”

Imagen de Pepe Luis Vargas el día de su alternativa en Sevilla

3. Imagen de Pepe Luis Vargas el día de su alternativa en Sevilla.

“Mi vida ha sido como las películas, al principio todo es bonito y es un camino de rosas, y a partir de la mitad de la película llegan las tragedias. Mi tragedia empieza a venir a partir de mi alternativa”.

Con estas duras palabras Pepe Luis hace referencia a la primera temporada como matador de toros. Si bien el día de su alternativa las cosas no salieron como él esperaba,su apoderado entonces, Antonio Ordoñez, no le hizo las cosas bien. Tras un año en blanco en el mundo taurino, algo muy dañino para un torero, con tan sólo cuatro corridas de toros (dos de ellas en Écija, en la Feria de Mayo y en la Feria de Septiembre, y una de ellas en la Feria de San Miguel en Sevilla), conseguidas gracias a un buen amigo que se convirtió en su apoderado, debía de enfrentarse a la próxima temporada.Entonces, un ángel con nombre de Andrés Gago, apoderado entonces de El Ruso,habló con un amigo en Méjico, el empresario de la plaza de Mérida, para que lo pusiera en alguna corrida de toros: “Yo acepté encantado, pero en ese momento no tenía dinero. Así, hablé con un amigo mío del Banco Occidental de la Gran Plaza en Sevilla, que había sido muy partidario mío en mi época como novillero y me hizo un préstamo personal de 500.000 pesetas. El billete tan solo de ida me costaba 200.000 pesetas. Sin proyecto ninguno, hice como Hernán Cortés, me fui en el avión y quemé las naves, y que sea lo que Dios quiera, fui a la aventura a descubrir América”.Gracias a la ayuda y hospitalidad de sus amigos en Méjico, Pepe Luis pudo hospedarse en el país hasta el día de la corrida de toros preparada. El empresario le confirmó que torearía con las dos máximas figuras del toreo en Méjico, Curro Rivera y Manolo Martín: “Pero torear esa corrida era como torear una corrida en Huelva en el mes de febrero, no sirve para nada porque no la va a ver nadie, pero por lo menos era una corrida de toros”.

“Yo siempre he dicho que, aunque mi carrera en parte ha sido un camino de espinas, he tenido una estrella que siempre me ha iluminado”. Y esto lo dice Pepe Luis cuando recuerda ilusionado el golpe de suerte que tuvo en Méjico o, quizás, fue el propio destino que le preparaba al diestro buenos momentos. Pocos días antes de torear, se arregló en el país el acuerdo televisivo de emitir las corridas de toros en televisión, un acuerdo que llevaba roto más de siete años. Como muestra de este nuevo acuerdo, se decidió retransmitir la corrida de toros donde torease la primerísima figura del momento mejicana, Manolo Martín, con la suerte de que ese día también se vería por cada televisión de Méjico a Pepe Luis Vargas: “Y ese día se me ocurre cortar cuatro orejas y un rabo, estuve sensacional y salí por la puerta grande”. Después de este triunfo tan sonado,toreó hasta cinco tardes seguidas en la Monumental de Méjico, inaugurando la plaza.

“Toreé en Méjico cerca de veinte corridas de toros, y de ahí me vine con cincuenta corridas firmadas.Me llamaban de todas las plazas importantes de España,en todas las ciudades me querían ver torear y volví con mi ambiente totalmente abierto en España. Méjico me dio lo que España no me ofreció”. Lo primero que hizo el torero ecijano al cobrar la primera corrida de toros, fue a llamar al amigo del Banco Occidental para devolverle el dinero prestado: “Quillo, que te mando mañana directamente tu dinero pa’ya, ¿vale? y si quieres que te mande algo para ti te lo mando también”, recuerda Pepe Luis entre risas la gran alegría que le dio a su amigo al saber que todo había salido bien. Pepe Luis estuvo seis meses en Méjico, llegó a España y toreó una treintena de corridas de toros. Gracias a Méjico, volvió a resurgir su carrera profesional.

Imagen de Pepe Luis Vargas en una corrida de toros en la Monumental de Méjico

4. Imagen de Pepe Luis Vargas en una corrida de toros en la Monumental de Méjico.

El torero debe hacer frente a los pormenores de su profesión y afrontar que, en muy pocas ocasiones, su trayectoria será un camino de rosas. A lo difícil que es hacerse un hueco entre tantos, hay que sumarlas posibles cogidas de un toro, las temidas cornadas. Y de esto sabe bien Pepe Luis,que ha recibido 20 cornadas en su cuerpo,cinco de ellas muy graves. La peor de todas, la cogida que sufrió el 23 de abril de 1987, en la Maestranza de Sevilla. Pepe Luis se fue a buscar abrir la Puerta del Príncipe y estuvo a punto de abrir las puertas pero del cielo, cuando se arrodilló esperando dar un lance a puerta gayola, a aquel quinto de la tarde de Joaquín Berral.

El diestro astigitano quedó muy quieto en el suelo, su sangre torera no le permitió levantarse y, allí quieto, recibió, sin duda alguna, una de las cornadas más espeluznantes, que un torero haya recibido en la Maestranza de Sevilla: “Cuando me cogió el toro e iba para la enfermería pensé que me moría, sentí a la muerte, de hecho clínicamente estuve muerto”. La prensa escogió una frase del torero cuando se dirigía hacia la enfermería en brazos de los asistentes, To pa ná. Pepe Luis hace referencia a ella: “Yo sentía en ese momento que todo lo que había luchado en mi vida se me iba”.

Hoy en día tiene que dar gracias a Dios por seguir vivo, y también al peón Rafael Sobrino que, con gran decisión y un cinturón, le aplicó un torniquete que sin duda alguna le salvó una vida que se le iba a chorros por la femoral, en el literal sentido de la palabra.

Corrida de toros de Pepe Luis Vargas en Sevilla, en su reaparición después de la grave cogida que sufrió en La Maestranza  el 20 de abril de 1987.

Pero, sin duda, la mayor cornada para el diestro fue: “La incomprensión del empresario y de los clanes que había formado en el mundo del toro, porque siendo un torero de expresión artística, con forma de torear con las muñecas, la cintura, una forma de torear que necesitaba un toro con más calidad, más boyante, que se amoldara más a mi toreo, tuve que enfrentarme a corridas muy difíciles, muy duras,a las que no quería nadie, entonces claro,ejecutar mi toreo ahí fue duro y difícil”.

El torero de Écija, Pepe Luis Vargas, siempre fiel a su manera de torear

5. El torero de Écija, Pepe Luis Vargas, siempre fiel a su manera de torear.

Aun así, el torero de Écija no traicionó a su forma de ser y a su forma de sentir, sino que fue fiel con su concepto del toreo, por eso mismo sufrió muchos percances. Pero a pesar de los duros percances que ha sufrido, Pepe Luis Vargas hace un resumen muy positivo de todos los años frente al toro: “De todo ello me llevo la satisfacción de mis triunfos y el reconocimiento de los aficionados. Me siento orgulloso de mi esfuerzo, de lo que he hecho, de mi trayectoria, lo único que me ha faltado ha sido ponerme todos los años en 60 corridas de toros y haber tenido mi cortijo. Pero estoy satisfecho de mi etapa, con lo duro y con lo malo, ha sido un aprendizaje y una época bonita, las cornadas han sido percances que le dan riesgo y belleza a la vez en el toreo. Mis triunfos en plazas importantes como Sevilla, Madrid, Valencia, Méjico…son un gran reto recuerdo. Un reconocimiento que queda en la historia para siempre. He sido lo que yo quería ser, he disfrutado con lo que yo quería, lo que no he conseguido ha sido lo material y tampoco me importa. La cogida me obligó a retirarme y busqué otra alternativa que me permitiese estar cerca del toro”.

Y esta etapa es la de director de la Escuela Municipal de Tauromaquia de Écija. Una oportunidad que le vino de casualidad.A finales del año 1996, se iba a celebraren Écija un festival benéfico y Vargas iba a participar. Empezó a prepararse en el Polideportivo Municipal y un chiquillo, Paquito Jiménez, se le acercó porque quería ver cómo entrenaba, ya que él quería ser torero pero en el pueblo no tenía la oportunidad de aprender. El maestro empezó a entrenar con él y para su sorpresa: “Al día siguiente había tres niños, y ya les decía yo coged la muleta que os voy a enseñar, pero por jugar con ellos porque yo me entretenía, ellos me embestían y yo echaba el rato, pero es que a la semana había veinte niños y eso me hizo replantearme mi futuro”. Entonces, el diestro se replanteó hacer un proyecto de una futura escuela. Se puso en contacto con numerosas escuelas para interesarse por su funcionamiento, y creó un proyecto para presentarlo en el ayuntamiento de Écija.

En 1997, el ayuntamiento le ofreció una subvención de 400.000 pesetas para que pusiera su proyecto en marcha: “Con ese dinero puse a los niños a torear y terminé el año con 78 alumnos”.

Cuando el ayuntamiento vio la gran repercusión social que estaba teniendo el proyecto de Pepe Luis Vargas, le ofrecieron un presupuesto municipal y se fundó la escuela de tauromaquia en Écija, en el año 1998: “Es otra etapa apasionante, si no lo vivo yo en la plaza directamente con el toro, vuelvo a ser torero, vuelvo a torear y vuelvo a tener ilusión. Es un estímulo de vivir, es una alegría, es un gran esfuerzo pero bonito, porque tiene muchísimo trabajo y muchos sinsabores, pero es genial.

Recuerdo de la inauguración de la Escuela Taurina de Écija

6. Recuerdo de la inauguración de la Escuela Taurina de Écija.

Una escuela basada en unos principios y objetivos distintos al de las otras escuelas taurinas: “Lo importante para mí y para mi escuela era que hubiera una plataforma en la que los alumnos consiguieran tener ilusiones, tener espíritu de sacrificio, saber disciplinarse, tener objetivos, que fueran personas que quieran luchar, que quieran emprender y que busquen sentido en la vida. Y si sale uno que tenga las condiciones, se va a encontrar la plataforma idónea para que no se quede sin ser torero por falta de medios”. Para entrar en la escuela lo único que se exige, según Pepe Luis, es querer ser torero, y el que tenga condiciones lo va a conseguir y se va a poner todos los medios para ello.

El torero ecijano se siente muy orgulloso del trabajo que se realiza en la escuela y la lucha que lleva a cabo por sus niños: “El mismo entorno del mundo del toro y de la vida en la escuela bien organizada y estructurada, no sólo hace toreros, sino que primeramente lo que hace son personas responsables y útil para ello”.

Pero llegar a ser torero es algo difícil, y todo el que se lo propone no llega a conseguirlo. Hacen falta unos principios y unos requisitos para poder hacer frente a las numerosas dificultades que aparecen en el camino: “Para llegar a ser torero lo más importante es querer serlo. Hay que tener valor, pero sólo el valor justo, después éste se va incrementando con la técnica, el saber de tu oficio, tu profesión, las ganas de ser torero, porque la ilusión hace que te esfuerces más, y todo en conjunto hace que te funcione la cabeza delante del toro”.

Gracias a la creación de la escuela taurina, la afición en Écija a los toros se acrecentó bastante. Una afición que estaba muerta, después de la retirada de Pepe Luis Vargas y otros toreros ecijanos como El niño del tentadero, que no tuvo demasiada suerte en este mundo, Écija dejó en el olvido la fiesta de los toros: “Hubo un resurgir de la afición, se volvieron a ver niños toreando de salón, algo que era inaudito,los primero niños que iban saliendo de la escuela, esto hizo que la afición se volviera a movilizar. Volvieron a darse corridas de toros, y hoy por hoy, faltando todavía esa figura del toreo que Écija necesita para estallar del todo, si hay un gran ambiente taurino y sobre todo una esperanza en que salga alguno”.A Pepe Luis se le ilumina la cara cuando recuerda a los muchos niños que han pasado por su escuela en los dieciséis años de existencia. Recuerda a los tantos que han emprendido un futuro y, aunque no han llegado a ser toreros, se han formado como buenas personas y eso es lo que le importa.

La escuela de tauromaquia de Écija ha cosechado numerosos triunfos en las plazas de toros. Los alumnos han demostrado allá por donde han ido la clase, el compás y todo lo que han aprendido de la mano del maestro Pepe Luis Vargas: “Estoy muy contento y orgulloso de todos los triunfos que la escuela ha alcanzado pero, sobretodo, destaco a los cuatro triunfadores dela competición de Andalucía, Miguel Raya, Miguel Ángel Delgado, Daniel Sotillo y Ángel Jiménez. Después, ellos por sí mismos han logrado numerosos triunfos por toda España. Pero el triunfo rotundo de la escuela es la capacidad que adquieren los niños de cuando salen de la escuela a emprender otra cosa. El logro importante de la escuela es colaborar en gran medida al desarrollo del carácter humano de los alumnos”.

Pero lo que le faltaba a la escuela era un padrino, alguien que fuese aficionado, que fuese reconocido dentro del toro y en la sociedad, y que se convirtiera en el padrino de honor de la escuela y, que mejor persona, que la Duquesa de Alba, una mujer que admira el mundo del toro y que está muy comprometida con la fiesta nacional: “Con motivo del homenaje que se le dio en Écija el pasado 14 de marzo 2009 año al faraón de Camas, Curro Romero por su aniversario de alternativa, surgió la idea de reconocer a la Duquesa de Alba como la madrina de honor de la escuela. Era una persona ideal, porque ha ayudado muchísimo al toreo, está muy relacionada con él, se siente muy taurina y tiene un gran corazón, por lo que reunía unas condiciones que eran de valorar, además fue una especie de homenaje a ella”.

La escuela ha cosechado, cosecha y seguirá cosechando numerosos triunfos por Andalucía y por toda España. La calidad de sus alumnos se ve cada día en las plazas de toros y son una muestra de todo el esfuerzo que se logra desde la escuela y desde su director y profesor, Pepe Luis Vargas. Son muchos los niños que en Écija y en otras localidades quieren ser toreros y les gusta ese ambiente. Écija es taurina y lo demuestra con su apoyo a la fiesta nacional.

Hace dos años se prohibía en Cataluña la celebración de las corridas de toros, una dura cornada para la fiesta. Muchos hablan de que el fin de las corridas de toros está cerca, aunque los aficionados no están de acuerdo y luchan por salvar su cultura: “Yo pienso que el futuro de la fiesta lo marcarán los aficionados y los toreros, no los políticos – defiende Pepe Luis Vargas- vivimos en una sociedad con democracia y libertad, en la que hay medios para que las cosas no se hagan por imposición, sino por condición. Si el toro tiene que morir, va a morir solo, porque ya no haya afición, porque ya no haya toreros, porque el toro ya no sea un negocio, por muchas razones, pero no porque lo decidan unos políticos. Yo entiendo que hay gente que no le guste eso, quizás será porque no conocen la fiesta, ni los por menores del toro bravo,y que si tu dejas al toro bravo en el campo se matan uno a otros, porque tienen instinto de lucha. Puede que llegue el momento,Dios quiera que no, pero yo creo que no, porque son raíces, igual que el flamenco,hoy en día declarado Patrimonio de la Humanidad. Yo pienso que el toreo no se acabará, porque es una raíz de nuestra cultura, muy arraigada a nosotros, nos gusta. El toreo puede tener cambios, en la manera de matar o en la manera de torear,pero nunca va a desaparecer totalmente”.

Una opinión compartida por los tantísimos aficionados que aman esta fiesta y que luchan porque se les respete. No se trata de convencer a un antitaurino de lo bonito dela fiesta, cada persona es libre de pensar lo que quiera.

Pepe Luis tiene muy claro qué es lo que dice a un antitaurino: “Si yo respeto lo que dices, pero es que yo pienso otra cosa, de modo que como no nos vamos a poner de acuerdo, vamos a tomarnos un cafelito y vamos a hablar de otras cosas”, dice entre risas. “Los aficionados, en mucho, parten de la ignorancia. El toro no tiene razón de  ser y no existiría sin el toreo, ahora si lo que quieren es extinguir la raza adelante.Pero, ante todo, yo tolero todo lo que digan, viva la libertad y viva la tolerancia”.

Entrevistando a Pepe Luis Vargas en la antigua sede de la Escuela Taurina de Écija.

7. Entrevistando a Pepe Luis Vargas en la antigua sede de la Escuela Taurina de Écija.

El diestro es la persona sencilla y campechana que todo el mundo conoce. Una hora con él hace que valores más la vida y las cosas que te rodean. Ha luchado siempre por lo que ha querido y lo ha dado todo por lograr sus objetivos, sin cambiar su manera de ser, algo muy valorable en él, por eso, quiere que se le recuerde así: “Como una persona que ha vivido toda su vida en torero, como una persona sencilla, profunda y con una gran afición, y como una persona que ha sabido vivir la vida conforme lo que le ha gustado y con respecto a su forma de ser. Que se me tuviera como alguien que ha hecho lo que quería hacer y que lo sigo haciendo, y que he aportado al toreo y a la sociedad, a mis amigos y a mi gente. Por lo demás, yo estoy contento porque gracias a Dios, he vivido la vida que he querido vivir. Empecé siendo torero, disfruté siéndolo, y ahora me toca disfrutar con mi escuela como un niño chico. A la larga me he dado cuenta de que lo importante no es tener dinero ni una finca sino ser feliz, yo no he tenido la finca, pero he disfrutado como el que más de mi carrera. Y ahora soy feliz con mucho menos, el más feliz del mundo, y no me hace falta nada más.

“Así quiero que se me recuerde”.

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Fuentes:

  • Textos: Texto propio basado en la entrevista a Pepe Luis Vargas
  • Fotos: Primera y  séptima fotografías propias subidas a mi cuenta de Flickr. Fotos de la 2 a la 6 han sido cedidas por Pepe Luis Vargas y enviadas por correo electrónico.
  • Videos: Tendido de Sol
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