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La llaman Maestranza

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Sevilla tiene un color especial. Muchos lo dicen. Ciudad apasionante, rica en patrimonio cultural e histórico, puede presumir de ser uno de los lugares más preciados y admirados en todo el mundo.

Entre sus numerosos monumentos, casas señoriales, calles de ensueño y gente admirable, se encuentra la Real Maestranza de Caballerías. Considerada la segunda plaza más importante, tras la de Madrid, y con mayor tradición taurina de España, la Maestranza tiene una importancia colosal en la historia de la tauromaquia.  Es el templo en el que todo torero quiere torear.

La Maestranza

1. Vista de la plaza de toros de Sevilla

En 1730, Felipe V otorgó el privilegio de celebrar en Sevilla corridas de toros, por lo que la Real Maestranza de Caballerías, una corporación que fue formada por caballeros pertenecientes a antiguas familias nobles que realizaban numerosas actividades benéficas en la ciudad, como fomentar el arte ecuestre y la tauromaquia con las diversas celebraciones que se acontecerían posteriormente en la plaza, decidió construir su propia plaza de toros, rectangular y de madera. En un principio, se haría en la Calle Resolana (en la muralla que delimitaba la ciudad, con el fin de que no parase la actividad de la ciudad, ya que los toros se celebraban en la Plaza Mayor y se paraba toda la actividad comercial).

Pero dos siglos antes, en el XVI, se libraba la guerra con Francia por Nápoles y las dos Sicilias. Uno de los reales maestrantes que fueron a la guerra se llevó consigo a un ingeniero zaragozano llamado Alcubierre. Una vez conquistada Nápoles, se corre el rumor de que el volcán del Vesubio enterró una ciudad en la antigüedad. Por el espíritu descubridor de los españoles, se proponen buscar las ruinas de Pompeya. Es el ingeniero Alcubierre el que descubre las ruinas, y manda una serie de carta a las corporaciones a las que pertenece. La Real Maestranza de Caballería decide financiar la excavación, donde se descubre el anfiteatro de Pompeya (donde se hacían juegos con los animales) y deciden cambiar el proyecto de la plaza de toros de Sevilla. De esta forma, se decide ponerla en el Monte del Baratillo (estercolero), para que separara el Arco del Portigo y el Puerto de Sevilla.

Así, en su construcción se copian de Pompeya los ambulacros, el Arco del Triunfo, la simetría en la Puerta del Príncipe… se van introduciendo elementos clásicos en una ciudad tan barroca como Sevilla.

A partir de 1741, la Corporación comienza a construir una serie de dependencias, en cantería, adosadas a esta plaza de madera, como carnicerías, caballerizas y más tarde casas y almacenes, configurándose el futuro aspecto de la plaza, enmarcada por diversas construcciones. Desde este año y hasta 1881, se llevarán a cabo numerosas obras que darán forma y lugar a la Real Maestranza de Caballerías de Sevilla.

La plaza de toros de la Maestranza tenía en principio alrededor de 14.000 localidades (ahora 12.000), lo que supuso toda una revolución a finales del siglo XVIII ya que Sevilla contaba en ese momento con 75.000 habitantes, por lo que había una localidad por cada 5 habitantes.

Plaza de toros de Sevilla

2. Plaza de toros de Sevilla

La población Sevillana estaba formada por unos 3.000 religiosos, 9.000 ancianos, 30.000 mujeres, 14.000 pobres y unos 5.000 niños. Había que restar las personas que no irían a los toros:

Capacidad imperial del coso:

   75.000 – 30.000 = 45.000

   45.000 – 14.000 = 31.000

   31.000 – 9.000 = 22.000

   22.000 – 5.000 = 17.000

   17.000 – 3.000 = 14.000

En la plaza de toros de Sevilla cabía casi toda la población activa de la ciudad. La originalidad y la trascendencia es que no existía en todo el mundo civilizado de la segunda mitad del siglo XVIII, ni edificio ni espectáculo capaz de atraer a tal cantidad de personas.

Es una plaza de estilo neo-mudéjar, más bien baja y con una característica esencial que la diferencia del resto: su estructura compuesta por el primer cilindro sobre el que se superpone otro cilindro. Este último se encuentra rodeado por un ambulacro, una terraza por el que se puede pasear  y donde van la gente noble antes de meterse en las gradas.

Tanto el interior como exterior  forma un polígono irregular de 30 lados desiguales, consecuencia de una obra que duró 120 años. Su circunferencia irregular se ha convertido en una seña de identidad y de diferencia con respecto a las demás plazas de toros de España y del resto del mundo. La arcada que la rodea es otra seña de identidad y signo de distinción, aportándole así una gran personalidad respecto a las demás plazas.

Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballerías de Sevilla

3. Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballerías de Sevilla.

El aspecto externo del coso del Baratillo nos remite a una arquitectura tardo-barroca -propia de la segunda mitad del siglo XVIII-, apuntando ya hacia el clasicismo, realizada con más gracia que monumentalidad y en la que sobresale la portada principal, con su cuerpo inferior de piedra vista, frente al resto de los paramentos revestidos y mayoritariamente encalados. La puerta principal está delimitada por dos torreones, con sendas entradas menores adinteladas -de acceso a los palcos de la Maestranza y de autoridades-, rematadas con curiosa ornamentación de formas cóncavo-convexas, roleos, molduras, motivos vegetales y lo que parecen ser coronas.

Es de resaltar que la Puerta del Príncipe (cuya obra finalizó en 1765) es una más de la plaza, ya que la Puerta Principal es la que da al patio de cuadrillas. En este sentido, la del Príncipe correspondería a la Puerta Santa de los grandes templos de la Cristiandad. No en vano a la plaza de toros sevillana se la denomina la Catedral del Toreo.

La estructura fundamental de la plaza de toros consiste en un primer anillo alrededor del ruedo, que está constituido por las localidades de barrera y tendido, y bajo las cuales se sitúan, en la planta baja y en algunas zonas, pequeños locales en los que hay instaladas algunas dependencias para almacenamiento o uso del público; un segundo anillo, que comprende en la parta alta la grada cubierta, y en la planta baja una galería interior de distribución y accesos, de un lado a los tendidos y de otro a todos los servicios de la plaza (corrales, cuadrillas, desolladero, enfermería, etc).

Estos servicios se sitúan en un tercer anillo en el que se encuentran escaleras de acceso a las localidades situadas en la grada cubierta; en la planta alta, este tercer anillo corresponde a una zona que en parte comprende amplias azoteas con antepecho y una galería exterior que da acceso directo a las localidades del piso alto, y otras veces está ocupada por edificaciones que pertenecen a la sede de la Real Maestranza de Caballería o son viviendas particulares.

Plaza de toros de Sevilla

4. Plaza de toros de Sevilla. 

La construcción de la plaza de toros de Sevilla supuso para la ciudad un gran avance arquitectónico, cultural y estético, además de una sorprendente acumulación cuantitativa de público que dio lugar al surgimiento de la opinión pública.

La Plaza de Toros permite que el pueblo se exprese, por primera vez, en tanto que soberano. Es un espacio circular donde todo el mundo se ve. La fiesta es en el centro, está el toro y el toreo, el Rey no es lo importante (como en las antiguas fiestas populares). Quién manda es el público y así se refleja en la estructura de la plaza. Las localidades de abajo son las más caras, y no las de arriba. En ese sentido, se asiste en la corrida de toros a la dramatización simbólica de los principios de la Revolución Francesa.

La iglesia, por su parte, se escandalizó por el hecho de que se hubiera construido un edificio que albergara a tanta cantidad de gente y no es tratara de un edificio religioso, sino civil. Se consideró como competencia con la Catedral de Sevilla, edificio sagrado que cuando se construyó se consideró a los obispos locos por Dios, por las grandes dimensiones.

Tras años de antigüedad y tradición, la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballerías de Sevilla supone todo un hito en el mundo de la tauromaquia. Templo del toreo, donde la tauromaquia alcanza su máxima expresión, donde todo se convierte en un respetuoso silencio y profunda admiración.

Fuentes:

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