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Víctor Vázquez. “El toreo es una forma de vida”

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Víctor Vázquez

Víctor Vázquez

En un bar de la plaza de la Alameda en Sevilla esperaba a Víctor Vázquez. Cerveza en mano, entre charlas con dos amigos, Natael Rodríguez y Lourdes Luque, aguardaba a mi profesor de Derecho de la Información, para hacerle una entrevista para mi blog. Más que una entrevista, se convirtió en una conversación entre amigos que comparten una afición, el toreo.

Víctor Vázquez, profesor de la Universidad de Sevilla, siente una profunda admiración y respeto por la tauromaquia, concibe su vida desde el toreo y puede presumir de ser un gran conocedor de la Fiesta, aunque no lo hará, es un hombre modesto.  El profesor vallisoletano, afincado en Sevilla, ha protagonizado dos películas con trasfondo taurino, ha colaborado en algunos medios de comunicación con escritos y entrevistas en relación con el mundo del toro y, sobre todo, es un apasionado de este maravilloso arte.

 

-¿De dónde le viene su afición taurina?

Desde que tengo uso de razón. No concibo la vida sin toros. La primera cosa que dije cuando era pequeño fue que quise ser torero, siempre he estado hablando de toros, creo que está en mí antes que yo mismo. Es decir que no hay un momento en el que diga aquí me empezaron a gustar, sino que desde siempre han formado parte de mí. Luego ya el origen de mi afición propiamente dicha se debe a mi abuelo que fue el primero en llevarme a los toros. Siempre le decía que yo iba a ser torero, lo que pasa que en la edad que yo me debería haber decidido estaba en otras cosas y de los 14 a los 18 era aficionado pero me distancié un poco, y ya cuando volví era demasiado tarde. Luego, me ha gustado torear en el campo, cuando he podido, en tentaderos, toreo de salón, tengo mis muletas en casa…

 

-Ha protagonizado dos películas, La vida sublime y El Brau Blaus, y están ambas relacionadas con el mundo del toro. ¿Por qué hacer esas dos películas?

Yo tengo un primo que es director de cine, Daniel V. Villamediana, y hace años teníamos una revista de cine “Letras de cine” en la que escribíamos un grupo de amigos. En un momento dado, los miembros del consejo de redacción de la revista nos dijimos que  podríamos hacer una productora para hacer una pequeña película. Me llevé a mi primo a ver a José Tomás en Valladolid y viéndolo se nos ocurrió la idea de hacer una película inspirada en el personaje de José Tomás. Escribimos el guión a medias, y luego me dijo que tenía que ser yo el actor. Se llama El Brau Blau y empieza con la vuelta de José Tomás a los toros. Luego el protagonista que es un torero aislado, recrea su propio rito en soledad. Es una peli conceptual en la que hicimos lo que pudimos con muy poco presupuesto (entre risas). Pero salió bien, fue seleccionada en muchos festivales de primera, entre ellos el de San Sebastián y el de Locarno.

Y luego hicimos otra película, que también tiene algo de toros, La vida sublime. En concreto hay una conversación con Pepe Manteca, que es un novillero gaditano que tiene el bar emblemático en el barrio La viña. Pepe es una de las personas más geniales que he conocido en mi vida. No fue matador de toros pero morirá siendo torero. La forma que tiene de hablar, de vivir, de sentir el toreo, toda su vida ha girado en torno a eso… por eso nos interesaba mucho sacarlo.

-También ha colaborado en algunos medios de comunicación en relación con los toros.

Ante todo, tengo que decir que no soy crítico taurino. Lo digo porque me parece que es un género periodístico dificilísimo, y llamarte a ti mismo crítico taurino, es muy pretencioso. El año pasado el grupo Vocento me pidió que escribiese sobre las tardes de la Feria de Abril e hice lo que pude. Me gusta leer sobre toros y escribir, pero no soy un escritor taurino, ni mucho menos. 

 

-¿Qué opinión tiene acerca del momento que vive la Fiesta en la actualidad?

Yo creo que la Fiesta, si uno lee lo que se ha escrito desde los orígenes de la corrida de toros moderna, siempre ha sido discutida y siempre se ha intentado prohibir. Siempre ha estado en crisis. Es una forma de creación artística que es tan sutil y tan salvaje al mismo tiempo, que su continuidad depende de un hilo, de un equilibrio muy difícil de mantenerse. La intentaron prohibir los Reyes, la Iglesia…siempre ha tenido colectivos que la persiguen persigue y luego ha sobrevivido siempre.  ¿Qué hoy en día la crisis es superior? A cada uno le parece que su tiempo es el peor, pero quizás a lo mejor no lo es tanto. Lo que sí creo es que nunca ha corrido tanto riesgo de degenerarse, no por la acción de los antitaurinos, sino por la acción de los propios taurinos.

 

-¿Qué opinión le merece la prohibición de los toros en Cataluña?

Los antitaurinos ahí tenían una presa muy fácil. En Cataluña se habían descuidado mucho las plazas, los carteles, la afición… Barcelona de ser una de las tres o cuatro ferias más importantes de España, con muy buenos toreros, con ciclos alrededor de la feria y todo eso, se fue destruyendo. El empresario empezó a esparcir las fechas de las corridas de toros, los carteles eran peores, vendidos al turismo…todo aquello estaba ya muy degenerado, entonces fue presa fácil. Además en Cataluña se mezclaron muchas cosas, el nacionalismo y el antiespañolismo, el contexto político, la sentencia del Estatuto. En realidad cuando algo se prohíbe es porque hay una tormenta perfecta y en Cataluña se dio.

Aun así pese a que la Fiesta en Cataluña no era lo que fue tenía cosas formidables. Es más, personalmente puedo decir que era mi plaza.  Iba desde hace muchos años a la Feria de la Merced a ver a José Tomás y gracias a eso hice muchísimos amigos aficionados catalanes. Alrededor de la Monumental de Barcelona he vivido de los momentos más importantes de mi vida en general, no sólo taurina. Cuando  toreaba allí José Tomás, era un acontecimiento que no se daba en ningún otro sitio de España. Era mágico, de repente una ciudad como Barcelona de transformaba y aparecía gente de Madrid, de Sevilla, tentada por lo sublime, por lo intuición de lo inefable. Era algo maravilloso. Eso se prohibió también. No hay que olvidarlo. Se prohibió algo muy grande. Y creo que cuando se prohíbe había un germen de recuperación,  a través de José Tomás y del compromiso  de otros toreros con Barcelona.  Pero bueno ya es demasiado tarde, prohibido para siempre lo prohibido…

 

-¿Se recurrió la constitucionalidad de la ley?

Sí. Cuando se ha recurrido la constitucionalidad de esta ley, sobre todo, se ha insistido en el argumento competencial. Es decir, que Cataluña no tiene competencia para prohibir esta actividad económica. Cataluña se ampara en su competencia para regular espectáculos. Entonces, lo que viene a decir el recurso es que el poder regular algo, no te permite poder prohibirlo. Tú puedes regularlo de una manera más o menos restrictiva, pero no puedes suprimir el objeto de regulación. Y en segundo lugar, que hay ahí un elemento cultural, la fiesta de los toros, sobre la cual el Estado español  posee un título competencial que no puede ser suprimido por la competencia concurrente en cultura que tenga Cataluña. Lo que pasa que yo creo que el debate jurídico se plantea mal porque no hay un sedimento cultural que explique bien lo que son los toros. Se parte de error de origen y este es el de tratar los toros como un mero espectáculo ¡Y los toros no son un espectáculo! Los toros son una expresión artística que está estrechamente relacionada con las creencias de la persona. Quien es aficionado con mayúsculas, y yo he conocido a muchos y lo soy, no va a los toros o no encuentra en los toros un despiste o una diversión, sino que se ha educado moral y estéticamente, por lo menos en mi caso, a través de los toros. 

*Víctor Vázquez se ha proclamado en los medios con relación a este tema. Por ejemplo, en el programa de radio Va por ustedes, de Navarra, y en www.elcorreo.com 

Víctor Vázquez

-¿Qué entraña la prohibición de los toros?

Algo esencial para muchas personas. Yo, por ejemplo, el miedo a asumir la responsabilidad o el miedo a la muerte, lo he aprendido a superar a través de los toros. Yo iba a los toros y fui aprendiendo que ahí había un hombre que se ponía según un código artístico estricto, delante de un animal que le podía hacer daño y que hacía las cosas bien por una responsabilidad consigo mismo, y era capaz de asumir el fracaso y en el último caso, las heridas o la muerte. Eso a mí me transmitía unos valores morales, que no me los hubiese transmitido de la misma forma otra expresión artística, otras creencias o ritos…eso me lo ha transmitido la tauromaquia. Por eso, cuando prohíbes los toros, prohíbes esa libertad de creencias, que se transmite de padres a hijos, que ya vive contigo y has aprendido.

Por otro lado, creo que el torero es una forma de vida. El ser torero engloba una forma de situarte en la realidad muy particular. Por eso, la prohibición de los toros es prohibir una forma de entender el mundo, de situarse en el mundo. Dicho de forma orteguiana, una forma de estar. Piensa en José Tomas. Sufre una cornada mortal, y dice que para él torear es vivir, que no se puede vivir sin torear, que él lo único que quiere es volver a ponerse ahí.  No se puede dudar de la sinceridad de esas creencias. Los toros en José Tomás son una forma de vida religiosa.

-¿A qué problemas se enfrenta la fiesta para explicarse?

Creo que ha hecho mucho daño cómo se ha etiquetado a la corrida de toros, primero como fiesta y luego como Nacional. Y es que, no es Fiesta, es decir, no siempre es Fiesta, es también emoción, es drama, es tragedia, ahí está “El llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejía” para contarlo… Y en segundo lugar no es nacional. Esa especie de tamiz casposo y nacionalista español que se le ha querido dar es lamentable, y hace olvidar, primero que no hay toros sólo en España, sino en la Península Ibérica y en el sur de Francia y en América Latina… Y luego que el culto al toro tiene mil connotaciones y mil derivas culturales, mitológicas…que no puede reducirse a lo español.

También, obviamente, otro problema es que hay un distanciamiento claro de la civilización con respecto al campo, a la naturaleza. Hay gente que no vive en ese contacto y que ve animales que son tratadas de forma muy similar a las personas, o bien, ven la televisión y ven al Rey León, que habla, que está limpísimo y que tiene educadas discusiones con las cebras…  En la sociedad se ha instaurado una irrealidad respecto al mundo animal que obviamente hace difícil que se pueda asumir algo tan carnal como una corrida de toros.

Desde mi punto de vista, otro problema radica en que los aficionados no hemos sido capaces de  capaz de entender que es necesario articular un discurso que defienda la fiesta desde presupuestos éticos, al tiempo que  tampoco hemos  subestimado en ocasiones, la eficacia de los argumentos antitaurinos siempre cuidadosamente plegado a ciertos paradigmas morales de la modernidad. Frente a esto el taurino cargado de razón, pero al mismo tiempo irreflexivo y con un discurso de consumo propio para los ya convencidos hace mucho daño. Y ,desgraciadamente, el tópico de que gran parte de los aficionados a los toros, de los que se dicen aficionados a los toros, se manejan en estos términos autorreferenciales, creo que es cierto.

Por otro lado, yo ya lo he asumido, frente a quien se resiste a verlo, que hay escenarios en los que los taurinos somos una minoría. Pese a que los toros son un acontecimiento popular  esto como demuestra mejor que nada que miles de personas vayan a la plaza de Madrid diariamente durante un mes, al mismo tiempo, no podemos olvidar que situándonos en determinados escenarios, somos una minoría, una minoría amenazada, diría yo, y tenemos que defendernos, en este sentido, sin renunciar a argumentos que han demostrado ser muy útiles en la defensa de las minorías.  Decir por ejemplo “tú no me prohíbas lo mío porque esto es importante para mí  hasta el punto de que de ello depende mi identidad”. 

 

-¿Se puede concebir la tauromaquia sin público o sin muerte?

No, eso no se puede hacer. Los toros son el toro y el torero y el público. Para que una tarde de toros funcione tienen que entrar en armonía público, torero y toro. El público, en el fondo, son feligreses. El que va a ver los toros tiene algo de fe, fe en que tres muletazos le producen una sensación de eternidad, le transporta a una sensación de realidad… y para que se produzca eso se necesita toda la feligresía en comunión con el sacerdote y con el toro. Y yo creo que cualquier dosificación o cualquier ocultamiento de la muerte del animal, acabaría con los toros. Creo que los toros tienen sentido pleno, sentido existencial, con la muerte del animal, no sólo por su significado ritual, sino también porque es el único lugar donde todavía podemos ver la muerte. La muerte empapa sustancialmente la vida. En el toro ves la muerte, no se representa. De ahí su lección existencial para el hombre. Recordemos el poema de Miguel Hernández cuando él se identifica con el toro, su sufrimiento su condición de ser para la muerte se ve y se comprende, representada en el propio toro, Como el toro he nacido para el luto. El toro te representa en un momento dado tu destino. Tú en el toro puedes ver tu tragedia y tu épica. Tu crecerte en el castigo. Si suprimiésemos eso, la corrida perdería todo el sentido.

Además creo que si se prohíbe la corrida, como dice mi amigo Alvert Serra, que se prohíba como es. Es decir, esto es como todo. Si tú empiezas a ceder, debilitas el rito. Hay que mantener esto puro, esto es lo que es y no puede ser de otra manera. Si nos prohíben, que nos prohíban pero con todos los perejiles. En el momento que se desvirtúa, se está inmolando.

Por eso no entiendo el afán por dar entrada a los toreos en los circuitos de la sociedad de consumo. El torero anunciado Loewe, el torero yendo a las discotecas, saliendo en la prensa del corazón… cada vez más el torero es uno más y eso es la muerte del toro. Una cosa tan salvaje, tan bestia, en el mejor sentido de la palabra, tan profunda como la corrida de toros tiene que ser inmaterial. Los toreros tienen que ser héroes. Tienen que ser una incógnita para ti. El torero es alguien que tú no puedes ser, por definición. Cuando el torero se humaniza, el misterio se pierde.  Y por eso José Tomás y por eso Morante. Ellos permanecen en el lado oscuro, en el lado del mito.

Por otro lado, yo he conocido a muchos novilleros, y tengo amigos que no han llegado a ser matadores de toros, pero que ha vivido en torero toda su vida. Un momento clave en mi vida taurina fue cuando un compañero de carrera en derecho, novillero, no tenía mozo de espadas me pidió que fuera con él de mozo de espadas a un pueblo de Segovia. Llegamos al pueblo, todo el pueblo borracho, una plaza de metal, una triste ambulancia, cambiándose en el polideportivo, hacia un viento y un frío increíble, un animal inmenso e imposible de lidiar y él solo allí frente a él. Le dio 17 pinchazos, yo creía que no lo podía matar, y estaba muerto del  miedo. Luego diez años después y a fuerza de soledad y tesón se ha doctorado como matador. Cuando pienso en esta historia digo esto es la tauromaquia. Y lo cierto es que todos de alguna forma pasan por eso, el miedo, fracaso, superar el miedo, fracaso y algunos, muy pocos, llegan a las Ventas o la Maestranza. 

 

El torero artista

-En América Latina se permite el toreo en los niños de menor de edad (torero que toma la alternativa). ¿Qué piensa?

Obviamente, estoy en contra d la figura del padre explotador, pero habría que ver cada biografía. Por ejemplo, el Juli es un torero que yo lo he visto torear de muy joven y estaba perfectamente capacitado para torear. Depende de quién es, quién es el padre, cómo lo llevan… En cualquier caso a mí no me gusta ver a un niño toreando en un plaza, me gusta que toreen en el campo, que tienten, pero no en la plaza… En la plaza un torero expone su vida y para eso ha de haber detrás una madurez, una comprensión de lo que es y, sobre todo, una responsabilidad contigo mismo. A mí no me despierta ningún interés ver a un niño torear. 

Víctor Vázquez

-Labor de las escuelas taurinas en el mundo del toro.

El problema de las escuelas taurinas es que de ellas salen toreros muy  clónicos. Todos los acaban toreando muy parecido y un torero es un artista, y como tal tiene que reflexionar sobre qué torero quiere ser, cómo quiero hacer su arte y qué es lo que quiere transmitir. Y eso creo no se puede enseñar en las escuelas. Por eso siempre he pensado que los toreros deberían convivir mucho más con artistas y empaparse de otros conceptos propios de las otras disciplinas artísticas. Igual que la pintura se ha visto influenciada por la literatura, el cine por la fotografía…el torero tendría que aguantar la angustia de esas influencias.  

 

¿Es difícil reinventarse en el toreo?

Muy difícil porque es difícil es un torero que piense. Me explico, el problema que yo veo es que hay toreros muy preparados, toreros que técnicamente pueden con cualquier toro…pero es difícil encontrar a un torero que se haya pensado artísticamente a sí mismo. Que se haya dicho a ver “qué facultades tengo, qué sentimiento tengo, cómo lo transmito”. 

 

-Defensa firme de los toros. Numerosos autores importantes han defendido y apostado por los toros.

La belleza de los toros tiene muchos argumentos para defenderlo. Tenemos grandes voces de autoridad, desde Jean Coucteu, Picasso, Lorca o Pepe Bergamín…es decir, que gente con un sentimiento estético de la vida exquisito, no es que le gustaban los toros, sino que además han situado los toros como el arte de las artes, como el arte que más les ha marcado. La subyugación visual de alguien como Picasso por la tauromaquia, algo dice a favor de su fuerza estética. El toro tiene algo poderoso. 

 

-Las fiestas populares son claves en el mundo del toro.

El muchacho que corre un encierro con todo el respeto, que lo lleva a la plaza, y siente la acometida, ese comprende lo que son los toros. Además creo que la tauromaquia no puede reducirse a la plaza. La tauromaquia es todo. La fiesta de los pueblos, los juegos con el toro… Pienso en San Fermín, en su encierro, es la naturaleza entrando a la ciudad. Coincidí con Juan Carlos Gil en los encierros. Quien corre un encierro, respeta a un torero, ve lo que es un toro,  y es fundamental.

Además no hay que olvidar que el toro marca no sólo la vida de unas personas, sino la vida de algunos pueblos. Pamplona sin toros no existe. Es como si a un Masái le prohíbes los leones, no sabrían representarse en el mundo. Ronda, Sevilla o Azpeitia tampoco. Hay pueblos de España que su identidad cultural gira en torno al toro. Pero donde quizás he visto esto más claro es en Pamplona. La vida de Pamplona es San Fermín, el resto del año es un incidente.  

 

-Papel del aficionado en la tauromaquia.

Se necesitaría una renovación en el perfil del aficionado que rompiera estereotipos.

 

-La mujer en el toreo

A mí me gustaría una mujer que torease femeninamente. Es decir, el canon estético del toreo lo han hecho los hombres, está claro. Las formas, el natural, la posición de las piernas, la forma de cargar la suerte…todo está hecho por hombres. Es un canon estético masculino. La gran revolución sería una mujer que rompiese el canon, que torease distinto. Hay mujeres que torean bien, pero torean como hombres. Lo fundamental sería una mujer que cambiase hasta la capa. Dicen que así era  Conchita Cintrón, era rejoneadora, pero conozco a gente que la ha visto torear a pie y dicen que era otra manera de coger el capote, de moverse, de lancear al toro…una de las grandes revoluciones sería la mujer que torease femeninamente. Eso significaría para la corrida una revolución similar a la que significó Belmonte. 

Víctor Vázquez

-Tres razones para defender las corridas de toros.

Una, quiero enseñársela a mis hijos, es mi educación y quiero transmitírsela a mis hijos.

Dos, es una forma de vida.

Tres, es bellísimo.

-Un torero: José Tomás

-Una plaza: Monumental de Barcelona

-Una ganadería: Victoriano del Río

-Una faena: vuelta de José Tomás a los toros en Barcelona

-Una sensación: verdad. Los toros me dicen que en la vida hay verdad.

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Fuentes:

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